lunes, 13 de diciembre de 2010

El copiloto

Eran las 8y30 de la mañana y hacía un frio insportable. Hace un par de horas habíamos hablado sobre Cádiz y habías recordado tus últimas vacaciones allí (echabas de menos tu bronceado veraniego), yo te dije que cada vez soportaba peor este clima del norte (y en el fondo esperaba que me dijeras que siguiera conduciendo hasta Cadiz, y creo que lo habría hecho).
Llegaba el momento de la despedida, y yo sabía que tras el siguiente paso de cebra tenia que poner los intermitentes y despedirte. Y también sabía que se me dan muy mal las despedidas. Y fue entonces, en ese preciso instante cuando me dí cuenta de que yo era completamente gilipollas. De que era incapaz de decirte que quería volver a verte algún otro sábado, y con un poco de tiempo algún viernes...y que quería tu número (Aunque sabía que nunca me atrevería a llamarte). Y entonces bajaste del coche (maldito cabrón pensé) y quisé poner el freno de mano y salir a la carretera y gritarte y pedirte el número...pero no, puse la 1º marcha y me fui, y joder, ví por el retrovisor como mirabas el coche. Y entonces lo noté, noté el mismo dolor de siempre, se me estaba vaciando el corazón y por un momento pensé que no volverías a estar en mi coche nunca más.

Yo en ese momento estaba fria, fria, fria....congelada

3 comentarios:

  1. puñetero frio del norte...pero no dejes que te contagie y te congele por dentro, a la próxima pon el freno de mano!:)
    muah

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  2. es una entrada preciosa!:) aunque sea duro todos tenemos que enfrentarnos a nuestros miedos porque si no nunca lograremos ser totalmente felices! Un besito :3

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