Desde hace un par de semanas voy a curar a una señora (llamémosle Julia) a su casa. Todos los días ha estado acompañada de un señor (José) que yo he dado por hecho que es su marido.
Hoy, jueves, día de mercado, he ido como un día más. Pero esta vez, José no se encontraba en casa.
Yo, para ser cordial:
- Julia, dónde está hoy su marido? (...qué coño me importará a mí)
- En el cementerio.
Chan-chan... He abierto la caja de Pandora, he pensado para mí.
- Pero José no es su marido? (Ya que la he liado, me voy a enterar de la historia)
- No, no. Es mi hermano.
Julia se ha puesto triste y ahi ha sido cuando me he dado cuenta que me había levantado con el pie izquierdo.
Huele a fuegos artificiales.
Victoria.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario