Odio los mosquitos.
La noche anterior me acababa de meter en la cama. Estaba entrando en un ligero sueño cuando a un maldito mosquito se le antoja revolotear al lado de mi oreja. (¡Será caprichoso!)
- ¡Muy bien, tú lo has querido!
Y avisé a mi madre (me viene de herencia) que es experta en la fusilación de estos diminutos (pero matones) insectos. Ya pueden ser las 4 , las 5 de la madrugada que coge insecticida y escoba (intentan refugiarse en el techo o encima del armario) y... a por ellos!!! Hasta que no acabamos con él no se duerme nadie.
Ya no tengo piedad con ellos; no les doy tregua. De pequeña me acribillaron (debo tener sangre dulce, pobres diabéticos) y soy demasiado rencorosa como para perdonar todos aquellos picotazos de la infancia.
Muchas noches de insomnio he pensado que prefiero morir intoxicada (por el insecticida) que, que me pique uno más.
Victoria
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario